jueves, 18 de noviembre de 2010

William Henry Gates III

(Nacido el 28 de octubre de 1955), más conocido como Bill Gates, es un empresario y filántropo estadounidense, cofundador de la empresa de software Microsoft, productora del sistema operativo para computadoras personales más utilizado en el mundo, Microsoft Windows.

Está casado con Melinda Gates, y ambos ostentan el liderazgo de la Fundación Bill y Melinda Gates, dedicada a reequilibrar oportunidades en salud y educación a nivel local, especialmente en las regiones menos favorecidas, razón por la cual han sido galardonados con el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional 2006.
Fortuna Actual: 40 mil millones de dólares. Conseguida por sí mismo.
El visionario del software recupera el título como el hombre más rico del mundo a pesar de haber perdido 18 mil millones de dólares en los 12 meses pasados. El activo de la organización era 30 mil millones de dólares en enero; la carta anual alaba al gerente de dotación Michael Larson por limitar las pérdidas del año pasado en un 20 %.  Gates decidió aumentar las donaciones en 2009 a 3.8 mil millones de dólares, un 15% más que en 2008.

Estoy enamorado

Quiero beber los besos de tu boca
como si fueran gotas del rocío.
Y allí en el aire dibujar tu nombre junto
con el mío.
Y en un acorde dulce de guitarra
pasear locuras en tus sentimientos
y en el sutil abrazo de la noche sepas lo
 
que siento.

Que estoy enamorado
y tu amor me hace grande
Que estoy enamorado
y que bien, y que bien me hace amarte.
Dentro de tí quedarme en cautiverio
para sumarme al aire que respiras.
Y en cada espacio unir mis ilusiones junto con tu vida.

Que si naufrago me quede en tu orilla,
de recuerdos solo me alimente.
Y que despierte del sueño profundo solo
 
para verte.

Que estoy enamorado
y tu amor me hace grande
Que estoy enamorado
y que bien, y que bien me hace amarte.

Voy a encender el fuego de tu piel callada.
Mojar tus labios de agua apasionada
para que tengamos sueños de la nada.

Que estoy enamorado
y tu amor me hace grande
Que estoy enamorado
y que bien, y que bien me hace amarte.

Que estoy enamorado
y tu amor me hace grande
Que estoy enamorado
y que bien, y que bien me hace amarte

Estoy enamorado de ti , y te amo!

Marcos Grabb

martes, 9 de noviembre de 2010

Soneto XXXV

No te conduelas más por lo que has hecho;
las rosas tienen espinas, y fango los argentinos manantiales;
nubes y eclipses velan igualmente el sol y la luna,
y el inmundo gusano mora en los más tiernos capullos.
Todos los hombres cometen faltas, y yo acabo de cometer una
autorizando con símiles tu transgresión,
corrompiéndome a mí propio por paliar tus culpas,
y excusando tus pecados más de lo que merecen.
Porque ayudo con mi sentido a tu falta sensual
parte contraria transformada en abogado,
y comienzo contra mí mismo una legítima defensa.
Tal guerra civil riñen en mí el odio y el amor,
Que estoy a punto de convertirme en cómplice
de este dulce ladrón que me roba de mí mismo tan agriamente.
William Shakespeare 

Soneto XXIX

Cuando, en desgracia con la fortuna y a los ojos de los hombres,
deploro solitario mi triste suerte,
y turbo con mis ayes inútiles a un cielo que no me escucha,
y me encaro conmigo mismo, maldiciendo mi hado,
Con el deseo de ser semejante al más rico en esperanzas,
de tener un rostro como el suyo,
de poseer un talento de este y el campo de acción de aquél,
con lo cual me siento menos satisfecho que con aquello de que más gozo;
Entonces, en medio de estas ideas en que yo mismo casi me desprecio,
se me ocurre pensar felizmente en tí; y, acto seguido, mi condición, semejante a la
alondra que al despuntar el día alza su vuelo de la melancólica tierra,
entona himnos a las puertas del Cielo.
Pues el recuerdo de tu dulce amor me brinda tales riquezas,
que desdeño trocar entonces mi estado con el de los reyes.
William Shakespeare

lunes, 1 de noviembre de 2010

Post-Umbra

Con letras ya borradas por los años,
en un papel que el tiempo ha carcomido,
símbolo de pasados desengaños,
guardo una carta que selló el olvido.

La escribió una mujer joven y bella.

¿Descubriré su nombre? ¡no!, ¡no quiero!
pues siempre he sido, por mi buena estrella,
para todas las damas, caballero.

¿Qué ser alguna vez no esperó en vano

algo que si se frustra, mortifica?
Misterios que al papel lleva la mano,
el tiempo los descubre y los publica.

Aquellos que juzgáronme felice,

en amores, que halagan mi amor propio,
aprendan de memoria lo que dice
la triste historia que a la letra copio:

«Dicen que las mujeres sólo lloran

cuando quieren fingir hondos pesares;
los que tan falsa máxima atesoran,
muy torpes deben ser, o muy vulgares.

»Si cayera mi llanto hasta las hojas

donde temblando está la mano mía,
para poder decirte mis congojas
con lágrimas mi carta escribiría.

»Mas si el llanto es tan claro que no pinta,

y hay que usar de otra tinta más obscura,
la negra escogeré, porque es la tinta
donde más se refleja mi amargura.

»Aunque no soy para sonar esquiva,

sé que para soñar nací despierta.
Me he sentido morir y aún estoy viva;
tengo ansias de vivir y ya estoy muerta.

»Me acosan de dolor fieros vestigios,

¡qué amargas son las lágrimas primeras!
Pesan sobre mi vida veinte siglos,
y apenas cumplo veinte primaveras.

»En esta horrible lucha en que batallo,

aun cuando débil, tu consuelo imploro,
quiero decir que lloro y me lo callo,
y más risueña estoy cuanto más lloro.

»¿Por qué te conocí? Cuando temblando

de pasión, sólo entonces no mentida,
me llegaste a decir: "te estoy amando
con un amor que es vida de mi vida".

»¿Qué te respondí yo? Bajé la frente,

triste y convulsa te estreché la mano,
porque un amor que nace tan vehemente
es natural que muera muy temprano.

»Tus versos para mí conmovedores,

los juzgué flores puras y divinas,
olvidando, insensata, que las flores
todo lo pierden menos las espinas.

»Yo, que como mujer, soy vanidosa,

me vi feliz creyéndome adorada,
sin ver que la ilusión es una rosa,
que vive solamente una alborada.

»¡Cuántos de los crepúsculos que admiras

pasamos entre dulces vaguedades;
las verdades juzgándolas mentiras
las mentiras creyéndolas verdades!

»Me hablabas de tu amor, y absorta y loca,

me imaginaba estar dentro de un cielo,
y al contemplar mis ojos y mi boca,
tu misma sombra me causaba celo.

»Al verme embelesada, al escucharte,

clamaste, aprovechando mi embeleso:
"déjame arrodillar para adorarte";
y al verte de rodillas te di un beso.

»Te besé con arrojo, no se asombre

un alma escrupulosa y timorata;
la insensatez no es culpa. Besé a un hombre
porque toda pasión es insensata.

»Debo aquí confesar que un beso ardiente,

aunque robe la dicha y el sosiego,
es el placer más grande que se siente
cuando se tiene un corazón de fuego.

»Cuando toqué tus labios fue preciso

soñar que aquél placer se hiciera eterno.
Mujeres: es el beso un paraíso
por donde entramos muchas al infierno.

»Después de aquella vez, en otras muchas,

apasionado tú, yo enternecida,
quedaste vencedor en esas luchas
tan dulces en la aurora de la vida.

»¡Cuántas promesas, cuántos devaneos!

el grande amor con el desdén se paga:
Toda llama que avivan los deseos
pronto encuentra la nieve que la apaga.

»Te quisiera culpar y no me atrevo,

es, después de gozar, justo el hastío;
yo que soy un cadáver que me muevo,
del amor de mi madre desconfío.

»Me engañaste y no te hago ni un reproche,

era tu voluntad y fue mi anhelo;
reza, dice mi madre, en cada noche;
y tengo miedo de invocar al cielo.

»Pronto voy a morir; esa es mi suerte;

¿quién se opone a las leyes del destino?
Aunque es camino oscuro el de la muerte,
¿quién no llega a cruzar ese camino?

»En él te encontraré; todo derrumba

el tiempo, y tú caerás bajo su peso;
tengo que devolverte en ultratumba
todo el mal que me diste con un beso.

»Mostrar a Dios podremos nuestra historia

en aquella región quizá sombría.
¿Mañana he de vivir en tu memoria...?
Adiós... adiós... hasta el terrible día».

Leí estas líneas y en eterna ausencia

esa cita fatal vivo esperando...
Y sintiendo la noche en mi conciencia,
guardé la carta y me quedé llorando.
 Juan de Dios Peza


Verdades amargas

Yo no quiero ver, lo que he mirado
a través del cristal de la experiencia,
el mundo es un mercado…
donde se compran honores, voluntades,
y conciencias.
¡ Amigo ! es mentira
¡ No hay amigos !
La amistad verdadera es ilusión,
ella cambia, se aleja y desaparece
con los giros que da la situación.
Amigos complacientes
solo tienen los que disfrutan
de ventura y calma
pero aquellos que se abate el infortunio
solo tienen tristeza en el alma.
Si estamos bien, nos tratan con amor
nos invitan, nos adulan,
más si acaso caemos
francamente solo por cumplimiento
nos saludan
El que nada atesora nada vale
y en toda reunión pasa por necio
y por más noble que su hechos sean
lo que alcanzan, es la burla
y el desprecio.
En este laberinto de la vida
donde tanto domina la maldad
todo tiene un precio estipulado:
"el amor, el parentesco y la amistad".
Lo que brilla no más tiene lugar
aunque brille por oro, lo que es cobre.
Lo que no perdonamos en la vida
es el gran delito de ser pobre.
Nada en el mundo es perfecto
puro y sano,
Todo se haya a lo impuro entremezclado
el mismo corazón por ser tan noble,
¿cuantas veces no se encuentra enmascarado?
Existe la virtud, yo no lo niego
pero siempre en conjunto defectuoso
hay rasgo de virtud en el malvado
y rasgo de maldad en el virtuoso.
La estupidez, el vicio y hasta el crimen
podrán tener supuestos señalados,
las llagas del defecto no se ven
si las cubre un diamante bien cortado.
Y a nadie podré herir con lo que digo,
porque ceñida a la verdad estoy
me dieron hiel y veneno,
veneno y hiel en recompensa doy.
Y si peco en las palabras toscas
de estas líneas oscura y sin nombre,
doblando mis rodillas en el polvo
pido perdón a Dios…y no a los hombres.
Rafael Acevedo 
 

Sonatina

La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa?                         
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro;
y en un vaso olvidada se desmaya una flor.
 
El jardín puebla el triunfo de los pavos-reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
y, vestido de rojo, piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.
 
¿Piensa acaso en el príncipe de Golconda o de China,
o en el que ha detenido su carroza argentina
para ver de sus ojos la dulzura de luz?
¿O en el rey de las Islas de las Rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes,
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?
 
¡Ay! La pobre princesa de la boca de rosa
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar,
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo,
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.
 
Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
Y están tristes las flores por la flor de la corte;
los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,
de Occidente las dalias y las rosas del Sur.
 
¡Pobrecita princesa de los ojos azules!
Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
en la jaula de mármol del palacio real,
el palacio soberbio que vigilan los guardas,
que custodian cien negros con sus cien alabardas,
un lebrel que no duerme y un dragón colosal.
 
¡Oh quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!
(La princesa está triste. La princesa está pálida)                         
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe
(La princesa está pálida. La princesa está triste)
más brillante que el alba, más hermoso que abril!
 
-¡Calla, calla, princesa -dice el hada madrina-,
en caballo con alas, hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con su beso de amor!
 Rubén Darío